jueves, 2 de enero de 2014

Tipos de bandoleros

Nos ha parecido que podría ser interesante mostraros esta clasificación de bandoleros extraída del trabajo realizado por D. Andrés Tenor Chamizo y Doña Mª Carmen Roldán Borrego y publicado en el libro de las Actas de las IX Jornadas sobre el bandolerismo en Andalucía, con el título de “El bandolerismo en Andalucía a la luz de ocho jornadas de estudios monográficos”.

   El bandolerismo, a lo largo de la historia, ha adoptado en Andalucía diferentes formas, las cuales analizaremos profusamente en cuanto a los modelos del siglo XIX, si bien nos retrotraeremos a los siglos anteriores para indicar los inicios del bandolerismo decimonónico.

• Bandolerismo de matiz religioso. 
Los moriscos expulsados de España se dedicaron desde el norte de África a la piratería en el mar Mediterráneo y al bandolerismo terrestre, adentrándose por las provincias de Málaga y Granada, fundamentalmente, asaltando cortijos, robando ganado y cosechas y, sobre todo, cogiendo prisioneros que eran llevados a las plazas del norte de África para, después, pedir por ellos un fuerte rescate. Los cristianos, ante tales hechos, se vieron obligados a tener una organización defensiva que iba desde las construcciones de torres vigías hasta la formación de patrullas de vigilancia en las costas, pasando por las llamadas de rebato con toques de campanas para avisar a los pobladores. Sin embargo, algunos historiadores como Díaz Torrejón, opinan que estas acciones las realizaban en beneficio propio y, por tanto, hay que verlas al margen de las creencias políticas y religiosas.

• El contrabando y el cuatrerismo. 
Son unas formas primarias del bandolerismo, que, aunque empiezan siendo diferentes del mismo, solían terminar en él. El contrabando consiste en el comercio de géneros prohibidos por las leyes a productores y mercaderes particulares. Es una acción de introducir fraudulentamente dichos géneros o exportarlos estando prohibidos. El contrabandista es el que se dedica a la defraudación de las rentas de aduanas, el que practica el contrabando. El contrabando ha sido un oficio casi tan viejo como los Estados, pero entre las épocas de su máximo desarrollo podemos destacar el último cuarto del siglo XVIII. La mercancía ilícita, según Arturo Rodríguez, entraba en Andalucía procedente de América, Islas Británicas, Centro Europa y Portugal, a través de tres principales vías: Gibraltar, la costa Mediterránea y la raya de Portugal. Los contrabandistas actuaban normalmente burlando la vigilancia aduanera o sobornando a funcionarios y, mediante pequeños barcos procedentes de Gibraltar u otros puertos extranjeros, introducían las mercancías en las playas andaluzas (Estepona, Marbella, etc..). Desde ellas, con unas recuas de mulos las colocaban en el interior. Entre los contrabandistas mas importantes destacamos sobre todos ellos a Bartolomé Gutiérrez, Juan de Arévalo (Osuna), Francisco Correa, Agustín Florencio (Jerez), Francisco Esteban (Lucena), Curro López (Jerez), Juan García Nebrón (Cañete la Real), y sobre todos, a Diego Corrientes, el único bandolero, según Santos Torres, al que se le aplicó la pena de muerte sin haber cometido ningún delito de sangre ni haberse alzado en armas contra la justicia.
• Bandolero-Guerrillero. 
Díaz Torrejón nos ha dejado innumerables textos en los que demuestra que guerrilla y delincuencia fueron de la mano en toda la Guerra de la Independencia; que durante la misma no hubo un paréntesis en el bandolerismo, sino que, muy al contrario, el guerrillero adoptó la personalidad del bandido y viceversa; que la miseria derivada de la guerra empujaba a muchas personas a buscar en los caminos el modo de subsistir o el de encontrar una vida más fácil. Entre los guerrilleros-bandoleros destacamos nombres como Pedro Peña “El Sotana” que actúo por el término de Lucena; Juan Campo y Pedro Alcalde, que lo hicieron por los de Benamejí y Encinas Reales; la partida de “Los Guerras” en el Marquesado de Estepa, etc.

• Salteador de caminos y diligencias. 
Este tipo de bandolero actúo en cuadrillas de cuatro, seis u ocho hombres, fundamentalmente en el primer tercio del siglo XIX. Subidos a caballo, hicieron del asalto a las diligencias y el robo en descampado el centro de su actividad. Es el bandolerismo descrito por los viajeros románticos, los cuales, huyendo del mundo desarrollado y civilizado del que proceden, quieren analizar el mundo tradicional, agrícola y pintoresco en que Andalucía pervive. 



• Bandolerismo de chantaje y anónimos.
Con la creación de la Guardia Civil, la actividad de los bandoleros sufrió un duro golpe. Las nuevas fuerzas de orden público les podían coger en el menor descuido. Así, en la segunda mitad del siglo XIX la mayoría de los bandoleros varió sus métodos de actuación. En muchos casos, el bandolero, con su reconocida arrogancia, era capaz de presentarse ante su víctima y pedirle dinero bajo amenazas de muerte. Así solía actuar la “Cuadrilla de Montellano” o “Pernales” quien, por ejemplo, en 1907 fue a visitar a los poetas Villalón e Hinojosa, ricos propietarios, en sendas fincas de la Rana – Morón y Alameda, a los que amenazó de muerte si no les proporcionaban cierta cantidad de dinero. Pero como el éxito no estaba garantizado, el paso siguiente fue el secuestro de la persona extorsionada o de alguno de sus familiares a cambio de importantes cantidades de dinero. Secuestros famosos fueron el del niño Crispín, en el que actuó de padrino “ El Niño de Benamejí” y de mediador Luis Artacho, o el secuestro de Orellana por varios bandoleros (“Malaspatas, “Cuco”, etc..) vestidos de Guardias Civiles al frente de “Garibaldino”. Entre las leyes más importantes que salieron del Parlamento español para luchar contra esta modalidad, estuvo la llamada “ley de secuestros” de 1877, que, según Gavira Mateos, se aplicaría no sólo en la provincia que padeciera el secuestro, sino también en las limítrofes, castigándose a los secuestradores con penas que irían desde cadena perpetua a muerte; se constituiría un Consejo de Guerra en cada una de las provincias afectadas y se recompensaría en metálico a las personas o corporaciones que ayudarán de los reos. Una tercera modalidad de este tipo de actos era el de los anónimos o esquelas en las que se solicitaba una determinada cantidad de dinero, a colocar en tal o cual sitio bajo las mayores y peores amenazas si se incumplía lo pedido.

• Bandolerismo político en la segunda mitad del siglo XIX. 
No se puede decir que muchos bandoleros no actuaran bajo determinados prismas políticos en la primera mitad del siglo XIX. Los guerrilleros en la Guerra de la Independencia, los que apoyaban en mayor o menos medida los movimientos liberales como “El Tempranillo” en la intentona de Manzanares, o los carlistas que trataban de aupar al trono al pretendiente D. Carlos, todos ellos lo hicieron con una inspiración política. M. Bernal considera a estos tipos de bandoleros como instrumentos al servicio de las fuerzas políticas contrarrevolucionarias, entre cuyos cometidos estaría al servicio de guardaespaldas a caciques y terratenientes, actuando como fuerza intimidatorio contra las reivindicaciones obreras organizadas e, incluso, como agentes electorales. Antonio Merino apuesta por esta visión y acude a numerosos ejemplos, tanto de la vida real como de la ficción literaria, para demostrar la relación del bandolero con los caciques en el Valle de los Pedroches, hasta el punto de constituir uno de los instrumentos principales que utilizaba la oligarquía andaluza para mantenerse en el poder. Juan Pérez Cubillo también se apoya en la literatura, y en su visión barojiana del fenómeno analiza las cuestiones sociales y políticas en algunas de sus obras. Juan Carlos Torres sitúa hacia la mitad del siglo XIX un bandolero en Sierra Morena que va abandonando, cada vez más, el robo a viajeros y haciendas y se conecta con objetivos político-militares. Afirma que las primeras gavillas en esta modalidad son restos de partidas carlistas.

Fuente: http://tierrasbandoleras.wordpress.com/2011/03/29/tipos-de-bandoleros/

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