sábado, 12 de diciembre de 2015

El bandido "Cucaracha"


Nos encanta que nos contéis anécdotas e historias sobre bandoleros de las diferentes zonas de España, hoy nos han hablado sobre el bandolero Cucaracha de la zona de Aragón.


Mariano Gavín Suñén (1838-1875), apodado “El Cucaracha” y natural de la localidad oscense de Alcubierre. El bandolero, junto a sus compinches, actuó en la comarca de Los Monegros durante la segunda mitad del siglo XIX.

Hijo de Manuel Nicolás Gavín Ariño y de Ignacia Suñén, Mariano Gavín Suñén nace al final de la I Guerra Carlista (1833-1840). Según los historiadores, la situación existente tras la contienda puede verse como una de las causas de la proliferación de bandoleros en toda la geografía española. 

Mariano Gavín Suñén nace en una familia dedicada a las labores del campo, que está al servicio de los potentados de la zona de Alcubierre. Aunque en su juventud ejerció como pastor, Gavín abandona el oficio a los 20 años de edad y, junto a otro compañero, Juan Ardid Jordán, opta por "echarse al monte" y convertirse en bandolero.


Aunque existen diversas teorías sobre las razones de su apodo, entre ellas, su tamaño pequeño y vestimenta oscura, la más arraigada habla de su afición a entonar desde muy pequeño la canción mejicana de “La Cucaracha”. Habitualmente llevaba dos trabucos y en ocasiones una escopeta de dos cañones o una carabina Remington. Su semblante dio origen a la popular copla:

Por la sierra de Alcubierre
se pasea «Cucaracha»,
siendo un hombre tan pequeño
¡cuánto respeto que causa!

Aunque tenga mala fama
«Cucaracha» es un buen hombre,
porque el trigo de los ricos
lo reparte entre los pobres.


Se pasea el Cucaracha 
Por la sierra de Alcubierre, 
Un hombre como un tomillo, 
y todo el mundo le teme.

Entre sus primeras fechorías encontramos la ocurrida en la paridera del conocido como “tío Caprasio”, en la localidad de Alcubierre. Al apretarles el hambre, ambos bandoleros decidieron robar un cordero del rebaño del pastor y, tras ser sorprendidos, respondieron disparando al tío Caprasio. Al parecer, le causaron una herida en una pierna, que acabó causándole la muerte días después.

En el año 1864, poco después de haber iniciado su etapa como bandoleros, ambos cruzaron la frontera con el propósito de encontrar un trabajo en Francia. Juan Ardid se quedó en el país vecino y el Cucaracha, tras una semana como albañil, optó por volver a Alcubierre.

A su regreso, comienza a formar su propia banda. La tarea resultó sencilla. La estructura socioeconómica de Los Monegros estaba compuesta por grandes terratenientes, que poseían la titularidad de la tierra, y por una gran masa social empobrecida, que trabajaba en precarias condiciones. Mariano Gavín sumó efectivos sin dificultades y llegó a formar una banda de alrededor 50 hombres.

Hay historias que nos hablan del lado más humano y bondadoso del bandolero. En este caso, se decía que se acercaba hasta los jornaleros y, tras comprobar su situación de miseria, extorsionaba al amo para forzarle a mejorar la situación de los campesinos; por ejemplo, quemándole la paridera. De igual modo, la tradición oral recoge un encuentro con un niño, que se dirigía al molino de Alcubierre, y que fue abordado por el Cucaracha. Mariano Gavín le preguntó al “zagal” si tenía dinero y, ante esta pregunta, el niño le explicó que su madre no le había dado ni una moneda por si se encontraba con el Cucaracha. El bandolero le dio dinero y le pidió que le dijera a su madre que el Cucaracha no robaba a los pobres.

Del mismo modo, nos han llegado historias que nos hablan de su lado más temible y sanguinario. En una ocasión, el bandido Cucaracha y 25 de sus compinches querían quemar el pueblo de Alcubierre y se aliaron con el hijo de Lorenzo Ortín. Sin embargo, la madre de este último se opuso y en represalia la banda del bandolero asesinó a Lorenzo Ortín, degollándolo y rociándolo con petróleo. Igual suerte encontraron una pareja de ancianos al negarse a exigir dinero al terrateniente del lugar.

Una de sus fechorías más sonadas fue el secuestro de Juan Ruata, que era uno de los hombres más adinerados de Alcubierre. En este caso, pidieron un rescate de 11.000 duros y, al parecer, aunque en aquella época era toda una fortuna, lo consiguieron. En relación a ello, se cuenta que el 21 de enero de 1873 encerraron juntas a las personas más pudientes de la localidad de Farlete y pidieron al pueblo un rescate. Sin embargo, los vecinos se sublevaron y reaccionaron persiguiendo al bandido y sus secuaces. En Farlete, se cuenta también otra curiosa historia. En este caso, Mariano Gavín Suñén conocía a un sastre de la zona, que se llamaba Marcelino Berbeder y, agudizando el ingenio, le encargó la confección de una serie de uniformes carlistas. De este modo, entró con ellos a la localidad exigiéndole al alcalde las correspondientes raciones como si fueran miembros del ejército y, al parecer, funcionó.

El bandido Cucaracha se servía de diversos escondites. Normalmente, aprovechaba las cuevas de la sierra de Alcubierre y, al conocer perfectamente el terreno, era muy conocido por su habilidad para escapar de la Guardia Civil.

A partir del año 1874, se estrecha el cerco contra la banda del Cucaracha y empiezan a ser arrestados algunos de sus miembros. En un primer momento, llega a Sariñena el alférez Francisco Bergua y bajo su mando, se inician las primeras investigaciones con el fin de dar caza al bandolero. De forma posterior, Bergua es sustituido por el teniente Francisco Lafuente, que será el que finalmente capture y dé muerte al bandido Cucaracha.

En su biografía del bandido, Rafael Andolz recoge de la tradición oral el relato de la organización y desarrollo de su captura. En concreto, cuenta que en el Ayuntamiento de Lanaja se reunieron las fuerzas vivas del pueblo, es decir, el alcalde, el cura, la Guardia Civil y el boticario. Según Andolz, le preguntaron al boticario si había algún veneno para añadir en el vino y, al obtener una respuesta afirmativa, comenzaron a trazar el plan. En concreto, la banda fue traicionada por un pastor de Lanaja, que reveló el lugar en el que se encontraban. Manolico Maza era un chaval del lugar que solía suministrar el vino a la banda del Cucaracha y, por lo tanto, fue el elegido para llevarles la bebida adulterada por el boticario. Mariano Gavín ni bebía ni comía nada sin que el portador lo probara en primer lugar. Maza bebió un poco y siguiendo las instrucciones del boticario, vomitó al abandonar el lugar. Al poco tiempo, la Guardia Civil rodeó la paridera en la que descansaba la banda e inició un tiroteo. Según se cuenta, lograron abatir al bandido Cucaracha así como a varios de sus compinches: el Cerrudo, el Herrero de Osso, el Molinero de Belver y el Guarnicionero de Alcolea (Antonio Lampériz, José Berna, Melchor Colomer y José Solanilla, respectivamente). Todo sucedió el 28 de febrero de 1875 en el corral de “La Nica”, en Lanaja. Siguiendo las costumbres de la época, el cuerpo del Cucaracha fue llevado a Sariñena y expuesto para público escarmiento.

Tras su muerte, la banda del Cucaracha continúa llevando a cabo algunos robos si bien la labor de la Guardia Civil se intensifica. Según los documentos históricos existentes, 46 miembros fueron muertos o capturados y, por lo tanto, entre 1875 y 1880 quedó prácticamente erradicado el bandolerismo en Los Monegros.
Tebeos El bandido cucaracha

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