sábado, 27 de junio de 2015

Viajeras románticas: Emmeline Stuart-Wortley


  
Emmeline Stuart-Wortley
   
  Poetisa y escritora, segunda hija de John Henry Manners, quinto duque de Rutland, y su esposa, señora Elizabeth Howard, nació el 2 de mayo de 1806. Se casó, el 17 de febrero de 1831, con Charles Stuart-Wortley, segundo hijo de James Archibald Stuart-Wortley-Mackenzie, primer barón Wharncliffe, con quien tuvo tres hijos: Archibald Henry Plantagenet, Adelbert William John, y Victoria de Alejandría, que se casó, el ​​4 de julio de 1863, Sir William Earle Welby-Gregory. Recorrió Centroamérica y EE.UU entre 1848 y 1850, tras la muerte de su esposo, Charles Stuart-Wortley-Mackenzie. Su vida fué una sucesión de aventuras y desventuras, que supo afrontar con la vitalidad y la fuerza que la caracterizaron.

Murió de insolación y disentería mientras se hallaba viajando desde Antioquía a Beirut en 1855, a los 49 años.

Sus primeros poemas aparecieron en 1833 y durante los once años siguientes estuvo publicando anualmente un volumen de versos, alguno de ellos fruto de sus experiencias de viaje. Su última obra “ A Visit to Portugal and Madeira” apareció en Londres en 1854. Como ya hemos mencionado murió en Beirut en 1855. En 1856, un año después de su muerte, alguno de sus allegados publicó su obra póstuma The Sweet South en dos volúmenes. En este libro se recoge el viaje que realizó por España y norte de África junto a su hija Victoria y otras dos mujeres, probablemente como continuación de su viaje a Portugal y Madeira puesto que llega a Cádiz procedente de Lisboa. The Sweet South se publicó para uso privado y en la primera página hay una nota en la que el editor dice: “Debo informar a los familiares y amigos de la desaparecida Lady Emmeline Stuart-Wortley que la mayor parte de la obra entró en prensa sin la supervisión de la autora”.
La escritora británica fue una consumada aventurera. Entre sus hazañas están cruzar el istmo de Panamá con su hija Victoria, o viajar a Francia e Italia durante la revolución de 1848. También estuvo en Perú, México, Cuba, Estados Unidos, Constantinopla y Marruecos. 

Es de este libro póstumo donde aparece el siguiente fragmento:

Su hija Victoria Lady Welby
(1837-1912)
 Nos detalla las peripecias a su paso por Gaucín, en 1852, a lomo de bestias, acompañadas de dos criadas, arrieros y un grupo de marineros ingleses que salieron desde Granada hacia Ronda, donde estuvieron sólo un día, para continuar hacia Gaucín muy temprano en un día calurosísimo, hacer siesta en Atajate y, después de admirar el fascinante Benadalid, llegar a Gaucín al atardecer. No llegan en un día cualquiera. Anda el pueblo alborotado porque desenterrado, sin saber nadie cómo, el cuerpo de un religioso, tras muchos años de permanecer sepultado, los restos están incorruptos. En la Posada del Sol donde se alojan, la dueña les refiere que el futuro santo ha sanado a una mujer de su ceguera y a un tullido de su pierna inválida. Las noticias de los sucesos se habían extendido por toda Andalucía y a miles habían llegado desde Málaga, incluido el obispo de la ciudad. Ahora, con la presencia de todos los habitantes y forasteros se le está dando, de nuevo, solemne sepultura. Ya antes de llegar al pueblo, sin que supieran el motivo, las inglesas se habían tropezado con grandes caravanas de gente, de todas las condiciones, edades y sexos, que se dirigían al funeral. Nos dice la poetisa:"las mujeres de hermosos dientes, ojos brillantes, pelo abundante y menos atractivo todo lo demás, vestían lujosamente y montaban en cientos de vivaces burros ricamente enjaezados de grana. Sonrientes muchachas y viejos de cabellos grises, con chaquetas bordadas y con enormes bastones en sus manos que les servían de ayuda para ganar sus agrestes aldeas; jinetes a caballo, armados hasta los dientes, bien trajeados, escoltando a un buen número de mujeres a caballo, también, con adornos y enaguas más vistosas que ellas mismas”

La posada anda rebosante de huéspedes y animales, tanto que es otro milagro, igualmente, que tras haber sido rechazadas en otros dos alojamientos, hayan encontrado aquí dos habitaciones, una para ellas y otra para las criadas. El ambiente festivo que vive el pueblo, también se traslada a la posada, y mientras a las viajeras les preparan un guiso, unos estudiantes les ofrecen una serenata: “una docena de guitarras que tocaban varios grupos de estudiantes rivales, acompañando los respectivos instrumentos con sus mismas voces, considerablemente desafinadas, cantando aires diferentes en tonos, asimismo, desiguales: el fandango, el surito y el zapateado, todo con entusiasmo mezclado".

Ilustración del libro el dulce sur
Emmeline Stuart Wortley califica a España de «ruina» pero en sentido positivo: «¿Qué es España sino una bella ruina, heredando todo lo que es más hermoso y noble del que fuera en su día un pasado glorioso?» 
Alejándose de la etiqueta tradicional que calificaba a la mujer como «el sexo débil», afirma que las españolas son trabajadoras, constantes y esforzadas. Aparte de dar detalles de lo diligentes e industriosas que son, la aristócrata inglesa ofrece una bella descripción de la mujer del sur: labios, pelo, cara y peinados, vestimenta y tipos de ropa, su gracia natural. Todo esto lo observa desde su balcón y lo retrata siguiendo el estilo de la corriente costumbrista de su época.

Define el abanico como «arma de la debilidad de la mujer». Es algo muy particular de las féminas españolas, siempre presente como distintivo social. «¿Parece imposible que una mujer española pueda caminar, hablar, respirar, ver, oír, pensar, sentir, amar o vivir sin su abanico!»

Ilustración del libro el dulce sur
En otro fragmento define con humor la lentitud de los desplazamientos: «Los transportes en España son como una carrera de burros donde gana el que llega el último». La autora relata irónicamente su aventura en diligencia en Andalucía allá por 1852.

«¿De qué sirve el reloj en España?»

«(...) Yo pongo todo mi empeño en recomendar a mis amigos que van a viajar por España que dejen los relojes en casa; sobre todo porque resulta difícil imaginar de qué le van a servir a nadie que visite este país. ¿De qué te puede servir saber la hora exacta en que diligencia, mulas, mozos, galera y caballos, desayuno, comida y cena no estarán ante la puerta ni en la mesa?».


Fuente: http://www.salvador.martin.name/index.php/mi-gaucin/704-posadas-ii


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